MEPA: Movimiento por una Educación Popular Alternativa, México: Ponencia de la Escuela Manuel Bartolomé Cossío al XX Encuentro de la Red de Educación Alternativa

Ponencia de la Escuela Manuel Bartolomé Cossío al XX Encuentro de la Red de Educación Alternativa

Cómo dar la palabra al niño

Dar la palabra al niño ha sido y sigue siendo uno de los ejes principales para la formación de nuestros alumnos desde que inician su formación escolar. Los más pequeños ingresan a lo que llamamos Ambientación cuando tienen tres años cumplidos. En estos grupos de preescolar procuramos crear un ambiente de armonía y confianza con la finalidad de que los niños expresen abiertamente sus sentimientos, deseos y vivencias. Respetamos el tiempo que cada niño necesita para integrarse a las actividades oyendo sus inquietudes –“me canso”, “me quiero ir con mi mamá”, “me gusta”, “no puedo”–, y animándoles a expresar lo que sienten, aprenden y viven.



A partir de las conversaciones con los niños, en el aula se rescata algún interés común para trabajar como tema del día: “Marifer va a tener un hermanito”, “Juan y Pedro se fueron a la feria el sábado”, “El domingo va a ser el cumpleaños de Mariana, cumple cinco años”. La lecto-escritura nace del tema del día y el proceso es absolutamente vivencial. Se elige una frase y se escribe en el pizarrón. Con este texto se realizan diferentes ejercicios de visualización e identificación: se lee varias veces, se lee intercalando las palabras, se lee en voz baja, en voz alta, en cámara lenta, con el pensamiento… Después, el niño pasa al pizarrón, señala las palabras que se le indican, las encierra en figuras geométricas con gises de colores, adivina la palabra que borra la maestra, borra la palabra que le pide otro niño, leen por mesas… juegan a la lectura. Luego escriben el texto en sus cuadernos y lo ilustran. Es una copia que al principio se reduce a garabatos, pero poco a poco las letras van apareciendo tal cual son y el texto resulta ya completamente legible.

Así, el trabajo de la lecto-escritura nace de la palabra del niño: son sus palabras y sus intereses los que están en juego durante el aprendizaje. Desde los cuatro años y con mayor énfasis a los cinco, la repetición de estos ejercicios permite que los niños se “suelten” leyendo de un día para otro. Cuando ya leen autónomamente, también son capaces de redactar. Más que un aprendizaje, la lecto-escritura es una adquisición espontánea, que se presenta cuando los niños han madurado lo suficiente a partir de un proceso similar a la adquisición de la palabra hablada. Este procedimiento asegura desde un principio la comprensión de la lectura a la par de otras habilidades lectoras, como realizar inferencias o discriminar contenidos, lo cual garantiza su funcionalidad.

Dar la palabra a los niños es oírlos y propiciar que se oigan entre ellos, es intuir cuándo deben expresarse, es enfatizar la importancia de respetar turnos, de escuchar y ser escuchado, de leer y ser leído. Dar la palabra al niño no sólo implica el saber académico y la cultura general, también significa cultivar los valores que los convertirán en las personitas que luego llegarán a la primaria.

Las conferencias libres

Ya en primaria, dar la palabra al niño es permitir que sus intereses sigan siendo el hilo conductor del trabajo cotidiano. Quien no ha tenido esta oportunidad se ha perdido de una experiencia enriquecedora y estimulante. Las conferencias son un destacado ejemplo. Cuando un maestro favorece en el aula que los niños expresen lo que de veras les interesa a través de sus conferencias, resulta que muestran un vivo interés por asuntos de la más diversa índole: la historia, los animales, los astros, la tecnología. Así se manifiesta no sólo genuino respeto por cada individuo, también se da versatilidad al trabajo diario y se avanza en la revisión del programa al ritmo y en el orden que los propios niños instalan.

Las conferencias se imparten y, preparadas con el entusiasmo que les imprime un auténtico interés, suelen ser excelentes. Los conferencistas elaboran cartulinas o audiovisuales, generalmente productos de notable factura, y exhiben con mucha seguridad los resultados de su investigación; enfatizan ciertos aspectos del tema elegido y logran entusiasmar al resto del grupo, lo que constituye una mina de tópicos correlacionados con el tema eje que luego dan pie al trabajo diario. El interés permanece vivo entre los entusiastas y ciertos temas extienden aún más su influencia: unos culminan en trabajos manuales que son expuestos en el aula; otros llevan a una investigación que concluye en un trabajo para el periódico mural; algunos más conducen a una visita de estudio a un museo, una fábrica, un zoológico –si éste es el caso, preparamos y presentamos ante la asamblea general un informe colectivo de la visita. Así, un verdadero centro de interés puede guiar el trabajo durante semanas.

El diario de clases

Hay niños que se apropian de la palabra escrita y la utilizan para expresarse como a ellos les gusta. Un ejemplo es el diario de clases. Idea de Chela Tapia y obligación desde que los niños entran a la primaria, se adoptó como una bitácora que da continuidad y hace constar el trabajo cotidiano. Día con día, un niño distinto se lleva la libreta del diario y plasma en ella la jornada de trabajo. Es importante que el contenido sea completo, y que la redacción, la ortografía y la presentación sean adecuadas.

Al principio, era en la presentación donde el niño dejaba su huella particular. Decoraba los márgenes, ilustraba los textos o hacía un dibujo al finalizar. Esto aún sucede: nuestros alumnos dibujan y se expresan con libertad, pero ahora también usan la palabra para adueñarse del trabajo y así, mientras recuerdan el contenido académico de la clase, usan su imaginación y habilidad literaria para hacer la relación de la jornada. Redactan cuentos, inventan visitas de seres imaginarios a nuestras aulas, viajan a otros mundos… (Ver anexo 1.) Otras veces utilizan lenguaje periodístico para recrear el trabajo como si fueran las noticias de un periódico o el reportaje de una revista o hasta una página web. Incluso hemos tenido tratados de pedagogía y sociología cuando comparan su trabajo cotidiano con lo que vivirían niños de otros estratos sociales y escuelas muy distintas.

Las asambleas

El uso de la palabra también es formación en y para la democracia. En nuestro patio de sombra, visible a toda la comunidad, se encuentra la “cajita misteriosa”, un pequeño buzón de madera llamado así por niños de otras épocas, donde los niños actuales depositan papelitos en los que escriben peticiones, felicitaciones, deseos, críticas, preguntas, en cualquier momento. Cada participación debe estar firmada, y redactarse con respeto y pertinencia, para que la palabra sea dicha públicamente, pues tomar la palabra es un acto de responsabilidad y práctica de valores éticos y cívicos. Los papelitos se leen ante la asamblea semanal de la primaria. Un grupo de niños, electos por la mayoría, dirige la reunión.

En este espacio tienen cabida los triunfos individuales y colectivos. Y los conflictos: discutir, clarificar, reparar daños, tomar conciencia y asumir consecuencias… Todos devenimos mejores cuando pedimos la palabra, la damos, la tomamos o simplemente nos escuchamos en las voces de otros. El gran valor de la asamblea radica en que las voces infantiles son escuchadas con mayor interés que las adultas. Al hablar los niños sacuden conciencias, despiertan iniciativas, propician la participación, promueven el cambio de actitudes y conductas, confirman el camino hacia la armonía de la vida en sociedad y logran más que los adultos, cuyas voces suelen sonar como regaños.

Este modelo se reproduce en el aula, pues en consejo técnico hemos acordado efectuar asambleas semanales en los salones para abordar los asuntos de cada grupo. Maestras y niños sabemos que tomar la palabra en una asamblea es una experiencia formativa que se transfiere a otros ámbitos de la vida como una eficaz forma de solucionar conflictos y vivir en comunidad. Los niños esperan con entusiasmo el inicio de su asamblea y preparan sus argumentos para convencer a los demás, realizar sus ideas, cumplir sus expectativas, intervenir en las decisiones grupales, ayudar a algún compañero, obtener reconocimiento o simplemente participar y obtener una disculpa. (Ver anexos 2, 3 y 4.)

Las asambleas de noticias

Otro modo de dar la palabra a nuestros niños es la elección de noticias que se comparten con toda la comunidad en una asamblea quincenal que se instituyó hace muchos años para suplir lo que en otras escuelas eran obligatorias y tediosas ceremonias en que se recordaban efemérides nacionales.

Hace poco en 3º un niño dijo: “¡Qué padre!, la siguiente asamblea nos toca a nosotros”. Julieta, la maestra, comenzó por preguntar qué entendían por noticia. Los niños pidieron la palabra: “Es lo que sale en el periódico”, “Y que vemos en la tele”, “Mis papás oyen las noticias en el radio”. Luego fueron elaborando una definición colectiva: “Son textos informativos de interés público general que pueden ser de carácter cultural, social, político, deportivo, artístico, científico… y que se difunden por diferentes medios de comunicación”. Llevaron periódicos al salón, observaron las características de algunos diarios y noticias… y levantaron la mano para expresar sus dudas: “¿Puedo hablar de que el América le ganó al Santos?”, opinaron hasta que concluyeron que ésa era una noticia de interés especial sólo para un grupo de personas. Con este criterio –el de interés general–, fijaron una fecha para llevar las noticias que cada quién hubiese elegido, con el documento original de donde se obtuvieran y la redacción personal del contenido. En la fecha propuesta cada niño explicó su noticia mientras el resto del grupo pedía la palabra para disipar sus dudas o agregar datos. Por votación se eligieron las noticias que, además de ser interesantes, aportaban algo positivo a la comunidad escolar.

Por fin se presentaron las noticias y los niños se sintieron orgullosos de su trabajo personal y colectivo. Durante el proceso, que lleva varios días, las maestras hemos de informarnos acerca de cada noticia que los niños presentarán, adelantándonos a las preguntas que pudieran surgir en la asamblea y que no se hubieran considerado en el salón; a veces hay que apoyarlos pero, sorprendentemente, casi nunca es necesario. Con esta experiencia nuestros alumnos ganan una gran confianza en sí mismos.

Los textos libres

El gran acierto de Freinet en su práctica docente fue la introducción de la imprenta en la escuela, que permitió construir una realidad impresa con los textos de los niños. Fue tan novedoso poner sus palabras, las verdaderamente suyas, las totalmente infantiles, en letra impresa, en los “libros de la vida” que, aunque no es la única técnica Freinet, nos atrevemos a afirmar que es la más importante, la que tuvo más adeptos y por la cual Freinet es más ampliamente conocido.

Dice Chela: “Nunca leí textos de los alumnos de Freinet. Cuando lo conocí era ya viejo, muy involucrado en la Cooperativa de Enseñanza Laica (cel), y eran los maestros jóvenes de su escuela quienes se hacían cargo de los niños. Allá en los sesenta, leí algunos escritos de los maestros que conocí en esa época, y de sus alumnos; eran similares a los que imprimían los nuestros: no más de una cuartilla escrita a mano, narraban las aventuras de su vida cotidiana y, ocasionalmente, pequeños cuentos. Quien haya encauzado a sus alumnos a imprimir sabe lo que sucede luego de que el primer texto sale calientito de la prensa. Nunca vi que otro hecho suscitara tanto en los niños el deseo de expresarse por escrito, con tal de imprimir su texto. Y al lograrlo –a veces ‘haciendo cola’ para disponer de la prensa–, qué satisfacción, qué orgullo, qué hermosa sensación para él y sus padres…”.

Los textos de los niños nos han permitido penetrar su creatividad, su imaginación, sus deseos, sus miedos, sus malestares… y su franco sentido del humor. Durante la lectura que hacemos con ellos, se corrige la ortografía y la redacción, se hacen notar las palabras repetidas, se señalan las “y” que encadenan frases… (Ver anexos 5, 6 y 7.) Para escribir lo que se quiere decir, hay que tener idea de cómo hacerlo, saber desarrollar los temas, completarlos, redondearlos o dejar unos y experimentar con otros, combinar los asuntos, ¿buscar un estilo?, mejorar… Y en esto están nuestros niños, en este trabajo-juego que compartimos con ellos, que les permite, sin darse cuenta, a lo largo del tiempo, evolucionar. Pero esa evolución ha de ser sólo de ellos –“yo solito”–, de 1º a 6º tienen seis años por delante. Es difícil, pero se puede y se debe respetar al máximo el contenido de los textos infantiles. Respeto absoluto al asunto y al vocabulario infantil. Corrección a la redacción sólo si el autor lo acepta.


Entre los años sesenta y noventa, los textos crecieron. Algunos tuvieron que aparecer escritos a máquina sobre esténcil, y se imprimían en mimeógrafo de mano, porque la imprenta tipo por tipo ya era insuficiente y lenta. (Ver anexos 8, 9 y 10.) Con el uso de la computadora, que adoptamos en 1996, hoy nos sorprende cómo se ha incrementado la extensión de los textos entre niños mayores, de 5º y 6º.

En ocasiones se sugieren temas para que los niños redacten libremente, así resultan textos libres sobre temas dirigidos –que surgen en investigaciones, conferencias, visitas– en vez de textos libres con temas libres, como deben ser los del libro de vida. A veces el tema dado es tan abierto que ofrece completa libertad para abordarlo, como cuando Coral, la maestra de 5º, repartió al azar entre sus niños las cartas de la lotería para que cada quien recibiera la imagen que sería su tema. (Ver anexos 11 y 12.) O cuando Elisa, la maestra de 6º, propuso redactar una autobiografía. El escrito era muy personal y los niños quisieron y pudieron explayarse en varias cuartillas. Entre todos los textos, nos asombró el de Graciela, por su extensión, su acopio de detalles y la amplitud de su vocabulario. (Ver anexo 13.) Por último, compartimos un texto que nos hace suponer que manifiesta a un escritor en ciernes. Rodrigo es un devorador de libros, al parecer cualidad indispensable para el oficio de escritor. (Ver anexo 14.) Evidentemente nuestra función no es formar escritores, aunque ha sucedido en casos excepcionales.


Conclusión

Chela puede afirmar la satisfacción que siente cuando charla con sus alumnos de las primeras épocas. Confiesa cómo le encanta darse cuenta de que se ha quedado muy atrás de sus muchachos en cuanto a conocimientos, méritos académicos, premios y distinciones que han recibido, y la sencillez y compromiso con que los asumen. De algún modo, algo de lo que son ahora se cimienta en la formación que les dimos en su primera escuela. Lo fundamental en nuestra labor es tratar de desarrollar al máximo esta capacidad de aprender, de comunicarse con precisión, de saber lo que se quiere, de luchar por conseguirlo, de tal suerte que ahora y en el futuro nuestros alumnos sean capaces de explicar sus ideas y proyectos, de proponer acuerdos, de dirimir conflictos, de manifestar sus sentimientos, de estar claros siempre de lo que ocurre en y con sus vidas.

Colectivo de la Escuela Manuel Bartolomé Cossío


Anexos

Anexo 1
Este diario es un trabajo excepcional, pero no resistimos el deseo de compartirlo con ustedes. Nótese que se trata de un facsímil del original, escrito e ilustrado por Alejandra Lomnitz Soto, 6° año 2009.

Anexo 2
Éste es el cuaderno de actas del grupo, con un acta levantada por Frida Sofía Morán, 6º año 2010.



Anexos 3 y 4
En el grupo de 4º año, se utilizó una carta en vez de la palabra hablada para expresar descontento. Jairo se sintió ofendido porque Guido le calificó de nazi, solicitó un “Me gustaría…” en la asamblea grupal y preparó este texto para leerlo en voz alta cuando se tratara su punto:

Guido:
No me gustó lo que me dijiste pues me pareció peor que una grosería, fue una ofensa a mí y a mi familia porque nosotros no fuimos, ni espero que seamos, unos nazis (personas racistas y más violentas de lo normal). Esta ofensa no fue graciosa, Guido, ni es un término agradable de decir ni de oír. Espero que ahora sepas que tales cosas no se dicen ni de juego y espero que no hayas usado ese término ni para ofenderme ni para hacerme quedar mal. Tu falta de información no justifica que hayas dicho esa ofensa. No lo vuelvas a hacer. Atentamente,
Jairo (4° año 2010).

Guido aceptó la petición de Jairo y unos días después le contestó con el siguiente texto:

Los nazis
En la I Guerra Mundial los alemanes perdieron. Hubo un periodo de crisis. Se formó el Partido Nacionalsocialista y se convierte en NAZI. Hitler hizo un partido en esos tiempos de crisis e hizo creer que los culpables eran los judíos. Hitler pensaba que los judíos eran los culpables porque tenían mucho poder, entonces los nazis empezaron a perseguirlos y los metían en cámaras de gas, después los procesaban y los hacían algodón, jabón, etcétera. Los nazis no sólo mataban a los judíos, también mataban a los gitanos, homosexuales y todos los que no fueran raza aria.
Guido (4° año 2010).

Después de leerlo, Guido se disculpó y Jairo aceptó la disculpa, siempre y cuando nunca volviera a ofenderlo. A partir de aquí se desarrolló en clase un centro de interés con el tema: los nazis.

Anexos 5, 6 y 7
Así escriben los niños más pequeños en cualquier parte del mundo:

El animal que más me gusta es el gato y el otro es el conejo, por tener las orejas muy grandes. Pero también me gustan las flores y los árboles.
Úrsula, 1° año 1977.
Cuando hago pasteles me divierto, va moviendo la batidora y yo le doy vueltas y luego chupo el merengue y lo meten al horno y cuando ya está, corto un pedazo y me lo como.
Ale Treviño, 2° año 1978.
Yo quisiera ser pájaro porque los pájaros vuelan muy rápido y ven cosas muy bonitas. Viven en un nido, están arriba de un árbol; tienen unas cosas que nosotros no tenemos que se llaman alas y otra que se llama pico.
Fernando Toussaint, 2° año 1965.

Anexos 8, 9 y 10
Así filosofaba Moramay “en su tiempo”:

El tiempo
¿Qué es el tiempo?
Cuando me pongo a pensarlo en mis ratos de ocio, quedo muy confundida.
Los hombres hace tiempo aprendieron a contar el tiempo… a veces yo siento que el tiempo se va más rápido o más lento según mi estado de ánimo. Llego a veces a la conclusión de que el tiempo lo cuenta el alma y no las horas, que lo cuenta el estado de ánimo y no el reloj.
Las cosas que nos gusta hacer se las lleva rápido el tiempo. Mas las aburridas se las va llevando poco a poco.
A la muerte la trae el tiempo silenciosamente, y a veces nos llega tan de repente, y a veces nos llega lentamente. El tiempo no son los segundos, los minutos, las horas, no los años. No… es la vida.
Moramay López Alonso, 5° año 1980.

Y qué decir de este sentido del humor…

Diario de un ricopobre
Nací el 23 de julio de 1900, en el Hospital Inglés de Beverly Hills. Éramos tan pobres que vivíamos en una casucha de 2500 metros de lado. El regador automático del jardín no servía. Teníamos tan poco dinero que la 14ª cocinera le tuvo que pedir a mi papá, el coronel Stravisstakyslayusky III, para que se comprara un anillo con un diamante del tamaño del diamante de beisbol; en las caballerizas teníamos sólo 144 caballos blancos, 120 negros y 142 a punto de nacer; la cancha del frontón estaba despintada y al Lincoln Continental último modelo le faltaba el foquito de la guantera.
El 14 de agosto de 1932, mi papá falleció. Ya era yo dueño de todo aquel desbarajuste. Vendí el monumento a Lincoln y reparé todo eso. Hice unos negocitos y desde entonces ¡Ahhh…! Soy muy feliz.
Tengo una regadera de dos temperaturas: fría y congelada. Al dormir, los resortes sueltos del colchón me arrullan; los manteles tienen aire acondicionado porque tienen hoyos; y la comodidad máxima: no tengo que ir a recoger el periódico, porque el vidrio está roto, entonces cuando el repartidor lo avienta, cae en mis piernas.
Juan Carlos Ruiz, 6° año 1974.

Las frutas (se rebelan)
¡Las noticias más inesperadas del mundo!
El melón ya no quiere juntarse con el azúcar.
La sandía ya no quiere tener semillas negras, las quiere moradas.
El chicozapote quiere crecer para ser “granzapote”.
El plátano ya no quiere hacer resbalar más gente con su cáscara.
Las uvas se independizaron del ramo, ahora las venden por separado.
El mango ya no quiere ser guapo, quiere ser el más feo.
La manzana ya no quiere asesinar a Blanca Nieves.
La pera se casó con el perón y tuvieron peritos.
La papayita le grita a su papá: ¡Papá –ya, sal del baño!
Esas son las noticias por hoy, gracias por escucharnos.
Reporteras: Laureana Martínez Fuigueroa y Daniela Velasco.
P.D. Noticias frescas como la lechuga.
Laureana Martínez y Daniela Velasco, 4° año 1995.

Anexos 11 y 12
Cecilia recibió La garza, y su texto, desde nuestro punto de vista, es uno de esos que piden auxilio Otros resultaron muy simpáticos, como el de Elena, que en La palma muestra su sentido del humor.

La garza (que se volvió flamingo)

Había una vez una parvada de garzas tan presumidas que un día, sólo por vanidosas, se pasearon por un manglar, donde vivían los flamingos.
La más chiquita de todas se quedó atorada en las raíces de un mangle. Ninguna garza se dio cuenta hasta llegar a su casa. La mamá estaba muy preocupada, pero la hija estaba muy contenta porque en el manglar se alimentaba mejor y podía jugar con aves coloradas a la hora de comer. Lo único que comía era larva de camarón, así que se volvió flamingo.
La mamá fue volando hacia el manglar, pero como la garcita ya no era blanca sino rosa no la reconoció. La garza pensó “puedo tener más hijos” y se fue. La hija cada día estaba más contenta, en el manglar se casó y tuvo hijos.
Y ésta fue la historia de la garza que se volvió flamingo.

Cecilia Rojas Lombó, 5° año 2001.



La palma

La palma perdió la calma
pues en la playa había un maya.
El maya pintó una raya
alrededor de la palma sin alma.
La palma sin alma le tiró un coco
para quitarle lo loco
al maya de la raya.
El maya de la raya le arranca una hoja
y la palma se enoja
y por eso lo moja.
Luego el maya de la raya dice:
–Palma sin alma, deja de molestar
Que a mí ni a nadie le fuera a gustar.
–Maya: –responde la palma sin alma–
deje de pintar la raya
en mi territorio de la playa.
Y ahora quiero que se vaya.
–Si usted dice que me vaya,
me voy por hoy.
A la palma le regresa la calma
y se queda pensando por qué no tiene alma.
Llega la araña con mucha maña
y le dice a la palma sin alma:
–Te cambio un grano de arena
por tu verde melena.
–No estoy conforme –contesta
la palma sin alma.
La araña con maña se va
y la palma se queda.
Elena Boyls Connolly, 5° año 2001.

Anexo 13
Nos encantó esta autobiografía por su calidad de expresión y madurez. Se trata sólo de una selección, pues la extensión del original es mucho más del doble.

De jabalí a jabalí

Nací en 1995 un tres de abril, curiosamente ese año se cumplían 60 años del nacimiento de mi abuela, que también nació en abril, sólo que el día siete (mi número favorito); el caso es que las dos somos aries y nuestro año chino es el mismo: jabalí. Cuando yo nací mi abuela ya había muerto y aunque no la conocí más que en fotos y a través de mi mamá, la quiero a mi manera, marca mi vida porque siento que cuando nací se cerró un ciclo y comenzó otro… Por cierto, las dos nos llamamos Graciela.

Salí del hospital a los dos días, estrenando aretes (que siempre me han gustado), pesando apenas casi dos kilos y bastante amarilla porque tenía ictericia, así que el primer mes me lo pasé tomando baños de sol en los jardines de los condominios en que vivía, que están en Magdalena Contreras. (…) Ahí descubrí a los perros, que desde entonces me encantan; también había otros niños y yo me llevaba con algunos. (…) Hay dos niñas a las que conozco desde que estaba en la panza de mi madre porque ella iba a recoger a mi hermano –que por cierto se llama Cristián– a la escuela y se encontraba con otras dos panzonas, Mari y Elisa, sus hijas ahora son mis amigas y se llaman Rebeca y Mariana.

Cuando cumplí tres años se acabó mi primera infancia porque me cambié de casa y a los pocos meses entré a la escuela. (…) Mi segundo perro (que tengo hasta la fecha), se llama Tirso y se apellida “de Pimpolina”. Llegó cuando yo tenía cuatro años y lo adoro, no hemos tenido problemas con él desde que lo adoptamos y completó la familia, porque es el tercer hijo. Llegué a la casa en mayo y en agosto entré a la escuela, voy a la misma que mi hermano y mi mamá porque padecemos un vicio familiar.

La escuela se llama Manuel Bartolomé Cossío y, gracias a ese vicio heredado, nunca he llorado como otros niños cuando se acaba el verano. El primer día de clases me reuní con Mariana y Rebeca, ahora en un salón de clases, y salí de la escuela agarrada de la mano de una niña que se llama Valentina Granillo, ella se fue un tiempo a Canadá pero acaba de regresar ahora que ya estamos en sexto. De los cuatro a los seis años estuve en Ambientación, ahí aprendí a leer y escribir. Empecé a leer cuentos por mí misma (porque desde que tengo memoria me leían cuentos antes de dormir). (…)

Creo que durante estos tres años comencé a entender que las personas van y vienen; que los verdaderos amigos están ahí siempre, aunque no pases todo el rato con ellos y otros, aunque pasen todo el rato contigo, no son amigos en el fondo. En aquel tiempo, yo sabía cuando algo me molestaba pero no sabía qué, ahora que ya tengo mi personalidad más definida y sé mejor lo que me gusta y lo que quiero, me he dado cuenta de que para mí, en la amistad son importantes el cariño mutuo, que tus amigos no se pongan ni por arriba ni por debajo de ti, que no sean celosos, que no compitan contigo todo el tiempo y sobre todo, que sean leales, porque cuando hay traiciones, se pierde la confianza y por lo tanto la amistad. Como quien dice, el tiempo me ha vuelto menos conformista y más Yo.

Mi primer campamento a Valle de Bravo con mi grupo de la escuela fue en primero. Antes de ir estaba un poco nerviosa porque no sabía cómo iba a ser y era la primera vez que viajaba sin mi familia, pero cuando regresé, lo único que quería era… “¡Ir otra vez!” Ahora que estoy en sexto, ya no puedo pedir otra vez otra vez, sino decir… ¡Gulp! Con todo y un nudo en la garganta. (…)

Ahora estoy en sexto, me doy cuenta de que no pienso ni siento igual que cuando iba en primero. Mi infancia está por terminar y se acaba la primaria. Tengo unos pocos nervios por el examen de admisión a la secundaria pero sé que lo voy a pasar bien y que la escuela va a estar padre.

Por lo pronto creo que no todo es bueno o malo en la vida porque hay términos medios, que muchas veces las apariencias engañan, que tengo que luchar por lo que quiero y pienso y no quedarme callada, que algunas cosas cuestan trabajo porque no todo es gratis en la vida, que me siguen encantando los perros pero ya no todos, que los compromisos y las promesas se cumplen y que hay muchas cosas buenas por las que vale la pena estar vivo. Me gusta la vida y lo que he hecho, tengo ganas de seguir viviendo porque hay muchas cosas que quiero probar, vivir y conocer… Como quien dice, todavía estoy verde, aunque casi termino un ciclo de doce años y vuelve a iniciar mi año chino.
Graciela Vela Hinojosa, 6° año 2006.

Anexo 14
Para mí –dice Chela–, Rodrigo va a ser escritor. En este texto, el clásico que redactan los niños después del intercambio, ya prefigura un talento propio del oficio. Me permito presentar en un recuadro lo que resalta como un destello en el total; lo anterior y lo posterior siguen siendo de un niño:

La aventura del intercambio

Para mí el intercambio es como una aventura, porque vamos por lugares a los que nunca hemos ido, vemos cosas que nunca hemos observado, conocemos personas que nunca hemos visto y vivimos de una forma que nunca hemos vivido.
También es como ser guías, porque podemos mostrarle a los demás cosas que no han visto. Como mostrarles algo de lo que estamos orgullosos porque nos gusta y sabemos que les va a gustar. Y también sentirnos felices porque a nosotros nos gustó lo que ellos nos enseñaron.
Nosotros la esperamos desde hace años y años, aunque sabemos lo que es hasta que la vivimos. En la memoria tenemos unos archivos, y siempre hay archivos reservados para esta clase de aventuras.
Rodrigo Ruiz Spitalier, 6° año 2006.